Trascendiendo la SEMANA SANTA a través de su simbología

Mar Deneb

Época de liturgia, recogimiento, penitencia, pero también de celebración, bullicio, vacaciones y descanso, la semana que la iglesia cristiana dio en llamar santa provoca, de forma generalizada, dos posturas bien diferenciadas: los seguidores —más o menos fervientes de su connotación religiosa— y los que se mantienen al margen o incluso la critican y cuestionan.

Pero ni unos ni otros. La SEMANA SANTA encierra una trascendencia que normalmente se desconoce y que podría acercar a ambas partes, en un intento de reconciliación. ¿Te atreves a profundizar en ello?

No hay duda de que la fiesta religiosa de la Semana Santa no deja indiferente a nadie, tanto si uno participa más o menos activamente en ella, como si se rechaza por su naturaleza religiosa o simplemente por las incoveniencias nada prácticas que una fiesta de tal dimensión, en cualquier ciudad, puede acarrear para sus ciudadanos. No en vano, está considerada en un buen puñado de ciudades como Fiesta de Interés Turístico Nacional o Internacional.

Pero lo que nadie suele alcanzar a comprender es lo que ambas actitudes, en cierto sentido radicales, ocultan tras de sí: una significación existencial asociada a todo ser humano.

El hombre, desde que pisó este planeta, recibe cada año el regalo de viajar en un crucero aéreo alrededor del sol sobre este trasatlántico bello de nuestro planeta azul. Nada más y nada menos. Pero, ¿y para qué tanta vuelta, se han cuestionado siempre filósofos y pensadores a lo largo de la historia? ¿Qué hacemos aquí?

Si algo une a todos los seres humanos en este caminar en común por esta Tierra, es un acto de bondad, un acto de superación, de aspiración a ser mejor persona, un objetivo de evolución personal hacia la convivencia fraterna. Hay una conciencia cósmica tras de todo que, tarde o temprano, nos cala en algún momento de nuestra vida, aunque tan solo sea en nuestros últimos momentos de vida, en los que vemos pasar toda nuestra existencia y reflexionamos sobre nuestros desaciertos.

Mar Deneb

Y para ayudarnos a ello, ha habido siempre seres especiales y realizados que anduvieron por aquí para darnos pistas sobre cómo hacerlo, sobre cómo reconocer nuestra esencia de estrellas reflejada en cada acto de amor escondido. Son personajes históricos con una enorme carga simbólica en sus vidas o en lo que nos ha llegado de ellas.

Aun sabiendo que un símbolo nace a partir de una necesidad de expresar de forma alternativa algo que no puede indicarse con palabras ni de forma intelectual, hablaremos de solo algunas de las muchas simbologías encerradas tras la celebración, a menudo irreflexiva, de esta fiesta religiosa. Y para esto, trataremos de ver el fenómeno bajo una óptica de drama cósmico o crístico, de manera que cada uno de sus personajes se pueden encontrar en la psique de todo ser humano.

Comencemos partiendo del hecho peculiar de que sea una fiesta movible. Todos sabemos que ello se debe a que el Domingo de Pascua ha de corresponder con el siguiente a la luna llena posterior al equinoccio de primavera.

Ahí ya tenemos una primera simbología, asociada al Mito Solar existente desde tiempos inmemoriales en todas las culturas ancestrales del mundo, puesto que, igual que la fiesta navideña está asociada con el solsticio de invierno y, por tanto, con el nacimiento físico y simbólico de la luz a través de nuestro astro rey, le sigue la primavera, estación de celebración de una muerte trascendida en la resurreción y la explosión de vida. La alegoría tras este mito es la equiparación del sol como luz física de la Tierra con el Cristo como luz espiritual.

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Hecha esta aclaración previa, si pasamos al meollo de la cuestión, tendremos que partir de la base de que la Semana Santa —con sus siete días, al igual que los siete figurativos de la Creación y los siete planetas visibles a simple vista— es una representación externa de la llamada cristificación —extrictamente, término nada religioso— o trabajo interno de todo iniciado que quiera alcanzar la llamada salvación (Jeshua, nombre hebreo de Jesús, significa salvación).

Pero cuidado, esta cristificación, como apuntamos, nada tiene que ver directamente con ningún personaje histórico ni religioso, y a la vez con varios. Cristificarse significa alcanzar la maestría, una energía interna a la que todo aprendiz debe aspirar, si quiere evolucionar siempre hacia un hombre/mujer mejor. Cristo, al fin y al cabo, es un estado, una energía cósmica a la que se llega cuando el verbo se hace carne.

Nos referíamos a varios personajes porque, como Jesús (Jeshua Ben Pandira), otros grandes seres que pasaron por la Tierra se transmutaron en el Cristo Cósmico. A ellos ya se hizo referencia en otro artículo publicado anteriormente (Presentando a Sus Majestades…): Heracles en la Grecia Clásica, Zarathustra en Oriente, Horus y Osiris en el Antiguo Egipto —aquí el iniciado se osirifica—, Krishna y Bhudda en la India, Amida para los japoneses, Fu-Ji para los chinos, Quetzalcoatl para los mejicanos o los cristos nórdicos Odin y Belenus.

Mar Deneb

Lo que nos cuentan los evangelios, tanto los canónicos oficiales como los apócrifos (=ocultos), sobre la vida de Jesús está plagado de simbolismos. En relación a la semana litúrgica que nos ocupa, esta comienza con la entrada triunfante en Jerusalen de nuestro protagonista, montado sobre una borrica.

No deja de ser, cuando menos, curioso que alguien de su estatura —en todos los sentidos— hiciese tal aparición, especialmente cuando a su alrededor mujeres, niños y ancianos, caminaban junto a él a pie. Pues esto fue reflejo de una interesante enseñanza del triunfo del hombre sobre la mente, representada en este caso por un burro terco, al que su timonel guía y domina.

Mar Deneb

En su vida pública, Jeshua tendrá tres grandes grupos de opositores de su obra: los escribas, los sacerdotes y los ancianos. Los escribas son los intelectuales —de cualquier época—, que siempre tildarán de loco a todo el que predique sobre el despertar de la conciencia; es un peligro para su sistema y sus teorías. Los sacerdotes de todas las religiones y de todos los tiempos igualmente condenarán siempre al Hijo del Hombre, al que ven como un peligro para sus sectas. Y los ancianos, que son los experimentados y juiciosos, juzgarán siempre desde su corta óptica.

En resumidas cuentas, es rechazado porque no encaja en el molde humano, es un revolucionario que está más allá del bien y del mal.

En cuanto a la oración en el huerto de Getsemaní, es una llamada a ese despertar de la conciencia, que se indica ante el sueño a otros planos de los discípulos de Jesús, es decir, con su conciencia dormida.

Si pasamos ahora a tres de los principales personajes que formaron parte de la pasión, siendo promotores de esta, Pilatos, Caifás y Judas, podremos observar, a su vez, reflejados los tres principales enemigos de la ley cósmica de Crestos (Cristo): el deseo, la mala voluntad y la mente. Son ejes del ego que luchan por crucificar el cristo en nuestro interior, impidiendo que avancemos.

Pilatos personifica a la mente, que siempre se lava las manos y encuentra disculpas para no hacer frente a sus errores; Caifás a la mala voluntad, quien prostituye el altar en nombre de la maestría, traicionando al Cristo; y Judas al deseo que nos tiene atormentados, y que cambia al cristo íntimo por cosas materiales.

Otras dos figuras metafóricas que aparecen en la crucifixión, y que hacen referencia a la energía tántrica, son los dos ladrones —que en realidad eran zelotas, un colectivo de guerrilleros que luchaban por derrocar al gobierno romano—: Agato, que es el que roba la energía de la manera más adecuada, es decir, a través del sexo de los dioses o tántrico, y Caco, del que derivó la palabra que aún hoy en día se utiliza para designar a los ladrones, y que es el que roba la energía de la forma en que se hace habitualmente en la sexualidad normal.

Mar Deneb

Y, finalmente, no podemos dejar atrás una simbología que incluso en nuestros días tenemos bastante presente, seamos religiosos o no, y es la de la misma cruz —que existió desde mucho antes de que los romanos la utilizasen, acompañando siempre a todas las religiones y pueblos—, asociada en el cristianismo a esta pasión y sufrimiento, cuando en un plano más profundo nos muestra una gran enseñanza. Veremos parte de ella.

De entrada, las famosas iniciales de INRI, interpretadas por la Iglesia como Jesús de Nazareth, Rey de los Judíos, tienen un significado más profundo, que en alquimia se transcribe como Ignis Natura Renovatur Integram: el fuego renueva integramente la Naturaleza.

El travesaño horizontal representa la vida y el conocimiento; el vertical es el ser. Fundamental es que el ser esté siempre en el cruce de ambos maderos, es decir, en el momento presente, aquí y ahora, porque si estamos antes o después, en alguno de los brazos horizontales, no podremos estar alineados con el ser, en el vertical.

Por otro lado, morir en la cruz no es más que una alegoría a la muerte del ego, quitando lo negativo, lo cual solo puede hacerse en la cruz de la forma en que se ha explicado. Morir en la cruz es matar el ego.

Sería ideal que al menos estas pinceladas de lo que subyace en una fiesta tan popular como la Semana Santa, hayan servido para que, cuando afrontes el tema, por afinidad o por alejamiento, sepas interpretar, más allá de las formas, cómo tras cada acontecimiento que llega a mover masas, se esconde un mensaje trascendental que nos toca a ti y a mí en nuestra condición humana.

Mar Deneb

Y quizá cuando escuches ese trío de viento y madera pasar por tu lado, ese incienso perfumado colándose por los rincones de las calles, esa voz quebrada que susurra sonidos de cante de saetas o ese silencio sobrecogedor ante una imagen que permanece a través del arte imaginero, quizá entonces te parezca que todo tiene un sentido oculto:

EL SENTIDO SAGRADO DE LA VIDA…

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4 comentarios sobre “Trascendiendo la SEMANA SANTA a través de su simbología

  1. Genial artículo de la simbología de la iconografía de la pasión de Cristo y los actores que aparecen. La introducción asociando el culto a Jesus asociándolo al Sol es una buena puntualización para entender las tradiciones culturales en la Europa católica, pero en ningún momento mencionas que la celebración de la Semana Santa es una transposición al cristianismo de la pascua Judia y que como tal es un sacrificio a Dios y además es una celebración de origen Lunar, del ritmo que marca la luna en las “estaciones” en las culturas agrícolas.

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    1. Gracias, me alegro mucho de que te haya gustado.
      Respecto a lo que dices de la celebración de origen lunar, efectivamente, es así. Es más, puede verse que hago una leve referencia al respecto, al hablar de la fecha movible de la Semana Santa dependiendo de la luna, pero no quise profundizar más para no salirme demasiado del tema central.
      De hecho, esa relación lunar de la que hablas, a su vez, está basada en otras más antiguas, más allá de la religión judía -de cuyas fuentes ya sabemos que los primeros cristianos bebieron-, no ya, por ejemplo, en las alusiones que hacen también los antiguos mayas, sino remontándonos incluso al perdido continente de la Atlántida que, por otra parte, tomó más antiguo aún del continente de Lemuria, en el Océano Pacífico, y en el que también se hacían estas celebraciones.
      Existe, incluso, en un museo de Londres, un libro más antiguo que la Biblia en el que ya se relatan acontecimientos similares a los que aparecen en esta, como el diluvio universal y la figura de Noé.
      Así que no quise irme demasiado atrás y salirme más de la cuenta de la temática del artículo, la Semana Santa, porque, como digo al final, lo que doy son unas pinceladas sobre el tema -habiendo dejado a un lado otras tantas simbologías de la pasión, de las que también se podría haber hablado-, ya que no quise hacer demasiado extenso el artículo.

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      1. Eres un pozo de sabiduría… pocas veces he podido disfrutar tanto hablando, en este caso escribiendo, de temas simbología e iconografía como ahora 😄
        Estoy de acuerdo contigo que en realidad la simbología cristiana, sobre todo la que no aparece en los escritos ” oficiales” bebe y mucho de las tradiciones ancestrales de la zona, no sólo anteriores al judaísmo sino también de algunas influencias sumarias y persas. Que por mucho que os digan.
        Como la figura de la Virgen María que es la equivalente a la madre tierra: que es quien le da la vida y esta a sus pies cuando lo recoge al descenderlo De la Cruz para “volver a ella”.

        Cuando más artículos sobre estos temas??
        Y porque no haces un libro donde este afición tuya de tratar simbología religiosa, independiente de cuál sea, sea bastante presente?

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      2. Muchas gracias, ja, ja. Mi objetivo siempre es hacer disfrutar y, de camino, informar a quien me lee…, aunque la información está ahí para el que sepa buscarla. La verdad es que de estos temas siempre hay mucho que decir y que queda en el tintero.
        Respecto a lo que comentas del libro, estoy escribiendo ahora mismo mi tercer y cuarto libro, así que ando bastante atareada y, de momento, prefiero seguir tratando las temáticas de mis novelas, que por otro lado además tienen mayor difusión.
        De todas formas, te adelanto que en breve publicaré un nuevo artículo sobre simbologías que muchos desconocen, en este caso respecto a un tema diferente pero también un poco controvertido. Haré un poco de historia y veremos lo que hay detrás de otro acontecimiento que nos acompaña desde hace siglos.
        Tienes además en este blog un artículo con datos sobre los Reyes Magos y su origen que quizás te pueda interesar, por si aún no lo leíste. En este mismo artículo aparece el enlace.

        Le gusta a 1 persona

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